Luis Eduardo Caballero Barrón

 

La gente quiere ser importante y no útil (W. Churchill)

“Mueran los chapetones. Tenga por bien entendidos que todos los convocados de la valiente Chuquisaca debemos dar fin a los ladrones europeos. ¡Viva la libertad!” un pasquín que circulaba.

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Cumpliendo 217 años y con la idea de rescatar personajes casi desconocidos que actuaron esa noche del jueves 25 de Mayo de 1809, hay tres que no son de Chuquisaca pero en ese momento se encontraban en la ciudad de La Plata por diversas circunstancias de la vida. A principios del siglo XIX los que ostentaban el poder en la ciudad eran: Ramón García de León y Pizarro (Presidente de la Real Audiencia de Charcas), Benito María Moxó y Francoli (Arzobispo de La Plata) y Vicente Cañete (abogado paraguayo). Los más conocidos eran los hermanos rebeldes (Manuel y Jaime Zudáñez, Joaquín y Juan Manuel Lemoine) y el famoso joven Bernardo Monteagudo, muy populares. Pero ahora se vera aquellos que participaron en los acontecimientos y son poco conocidos: la fuente primaria es el proceso a Francisco Ríos alías el Quitacapas, quien nombra a su amigo el Jukucha, al sirviente del alcalde provincial del Cuzco Antonio Paredes (y al mismo como el gran instigador de esa noche), al militar Juan Antonio Álvarez de Arenales, al señor José de la Iglesia, a Ramón García Pérez, al señor Ballesteros y a otros más.[1] En forma de crónica se presenta los événements históricos de esa noche:

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La crónica de esa noche por el Quitacapas, es decir, el mulato Francisco Ríos a través de las preguntas en el proceso del 20 de agosto de 1810 en la ciudad de La Plata que le siguieron; el confesante cuenta lo sucedido produciendo un relato rico en detalles y tratando de encontrar la verdad de los hechos de la noche del jueves 25 de mayo:

(…) cuando llegué a esta ciudad la encontré en quietud y sosegada sin advertir novedad alguna y me hospede en la casa de las coheteras cerca del Prado adonde me llevó mi compañero el Jucucha (ratón en quechua); que en los primeros días iba a la tienda del Apretado a ver si por peluquero y barbero me acomodaba, y desengañado de que no había trabajo, me mantuve en la casa, donde me buscó el mozo del alcalde provincial del Cuzco. Y acompañado del Jucucha le tratamos de vender la cabalgadura robada a Solares y él nos dijo: “Yo conozco a esta mula” con lo que se desanimó de comprarla pero comprometió hacerlo, cuando le confesé que había salido de Potosí en su búsqueda por encargo de su propio dueño y sabiendo que fue robada me excuse de perseguir al ladrón y le pedí que tomase 10 pesos por ella y quedase entre los dos oculto el contrato, el chalán se llevó la mula (foja 37).

Después de tres o cuatro días acompañado y seducido por un pateño Choca fui a la calle de San Francisco a casa de una mujer, en cuya sala se pusieron a jugar varias personas, y estando entretenidos en esta diversión tomando chicha, de repente entró la mujer y nos hizo salir de su casa, diciéndonos que había un zafarrancho en la plaza de armas y que todos los cholos se hallaban alborotados.

Eran las 19:00 horas

Salí con dos sujetos de capa a quienes no conocía pues era forastero, y nos fuimos a la puerta del Palacio arzobispal, en el tumulto había más de 500 personas que gritaban que el excelentísimo señor Pizarro (Presidente de la Real Audiencia) era traidor y quería coronar en estos dominios a la princesa Carlota Joaquina del Brasil y fui testigo que el señor arzobispo (Benito María Moxó y Francoli) salió con muchos sujetos y fue a la Real Audiencia, de la que (foja 38) salió con Zudáñez ahí lo vi por primera vez, ya que el pueblo gritaba “Ya salió don Jaime de Zudáñez” (comenzó el repique de las campanas).

21:00 horas

El arzobispo al que también llamaban traidor, bajo la calle de la Audiencia por la calle de la casa del señor José de la Iglesia y se fue a la plazuela de San Agustín, subió a una casa que hace esquina y allí pidió al pueblo que se calmará; dijo que el señor fiscal no estaba preso y que luego aparecería; ordeno que lo buscásemos…

Entonces me dirigí por la calle Artachú a la plaza, donde gritaban que ya habían ahorcado al fiscal, y en la esquina de la Rumicruz nos encontramos con don Ramón García Pérez acometiéndole los cholos gritaban: “Aquí está el mayor traidor que fue a prender a los señores oidores”, quien desnudo el sable para defenderse, yo le quite el sable vaina y todo. Los cholos queriendo llevarlo a la cárcel lo derribaron en el suelo de un garrotazo, entonces yo le di la mano y lo levante, y como ya querían nombrarme su capitán me obedecieron y lo llevamos resguardado hasta la casa del señor José de la Iglesia quien nos dijo: “Este ya está seguro y mañana se le entregará y ahora vayan a buscar al señor fiscal.

21:30 horas

En la plaza, la plebe decidió soltar a los presos de la cárcel, yo me opuse entonces me quisieron quitar el sable de R. García y lastimarme, tuve que convenir y pasar a la cárcel y liberar a los reos con una advertencia: “que su libertad era para defender al rey el señor don Fernando Séptimo y que cuidado con cometer alguna picardía” y nos dirigimos a la Audiencia, hablamos con el señor de Ballesteros, dándole las llaves de la cárcel a un sujeto pequeño con bastón, quién las entregó a los ministros.

En la puerta del Palacio el señor Ballesteros nos entregó los cañones y en efecto los sacamos y habiéndose (foja 39)  disparado uno, se corrió la voz de que habían muerto una cosa de veinte de los que entraron, pero yo solo vi un muerto. Los cañones los llevamos a la plaza dejando uno para bajar la puerta de la Audiencia y sacar los papeles referentes a la traición, nos encontrábamos en es empeño, cuando el sujeto que recibió las llaves de la cárcel se nos acercó y dijo: “Una vez que esta gente te obedece, no hay que permitirla que quemen la puerta de García porque no les lleva el interés de los papeles sino el de robarle sus efectos personales, y no esta bien que se echen encima un borrón tan detestable”, entonces regresamos el cañón a la plaza.

Y en la esquina del colegio (colegio seminario San Cristóbal) me encontré con el alcalde provincial del Cuzco don Antonio Paredes, que gobernaba el tumulto, me abrazó y me dijo: “Ya tenemos los cañones para defendernos contra los traidores”, y nos envió por la pólvora regalándonos (foja 39) botellas de aguardiente y a mi un pañuelo y una bolsa de plata: diciéndonos que todo era para sus hijos los cholos y demás gente.

22:00 horas

Junto a los cholos, mujeres, muchachos y todos los que seguían fuimos a la quinta del escribano Paravicino (en Surapata) guiados por el populacho. En el lugar quite el sable al guarda de la puerta y se lo entregue a un zambito,  (recuerda) al mismo a quien había dado a guardar una capa roja que recogí para que el dueño de ella quedase con libertad para tirar piedras a la presidencia (capa grana robada).

22.30 horas

Una vez vencidas las puertas del almacén de pólvora, hombres y mujeres subieron al alto, a la habitación del soldado, con el fin de rebuscar las armas y matar a los que estarían ahí, pues gritaban que los soldados eran también traidores. Yo le defendí la vida, les hizo bajar el fusil y cartucheras, y cargando la pólvora volvimos al pueblo.

22:45 horas

En la misma esquina del colegio encontramos nuevamente al provincial cuzqueño Paredes quien nos mandó por los cañones (foja 40) que estaban en el patio del Cabildo, los sacamos y el mismo Antonio Paredes los distribuyó en las esquinas o bocacalles de las cuatro cuadras de la Audiencia haciendo poner pólvora y granadas al pie de cada cañón. Las negociaciones entre los señores oidores y el presidente del Tribunal estuvieron a cargo del subdelegado de Yamparáez, el Comandante don Juan Antonio Álvarez de Arenales que podía entrar en el Palacio de la Audiencia.

23:00 horas

Francisco Ríos alias el Quitacapas fue nombrado capitán de los cholos. El cusqueño lo puso en la esquina de la plaza y en las otras esquinas de la Audiencia puso otros cholos y todos a su disposición; quienes dispararon muchos tiros, de lo cual resultó una nueva ronda de Paredes con más aguardiente, cigarros y coca, y les mandó que sin su orden no hiciesen fuego, pues era gastar la pólvora.

23:25 horas

Luego vinieron otros sujetos, quienes me preguntaron por la espada de Ramón García recomendándome que no la devolviese, yo obedecí la orden, (aclara) que la empeñó mucho después por 15 pesos a la panadera Joaquina Zuñiga por mano de un colegial.

Medianoche

El alcalde provincial Antonio Paredes estuvo siempre rondando los puestos de los cañones y la plaza de armas insistiéndonos que le pidiéramos por Comandante de Armas porque el haría a la gente todo el favor que pudiese y que no permitiesen que el nombramiento recayese en el subdelegado don Juan Antonio Álvarez de Arenales (fajo 40).

Dos de la madrugada

Enseguida Paredes nos pidió que levantásemos una horca, ya que luego que el presidente Ramón García de León y Pizarro renuncie, todos los traidores debían ser ahorcados y cumpliendo con ese mandato los cholos clavaron dicha horca, cuyo hecho yo no vi ni sé de dónde se sacaron los palos, pero sí soy testigo que al romper el día (amanecer) ya estuvo parada la horca.

04:00 a. m.

La plebe quería retirarse a descansar, más Paredes no les permitió diciéndoles que no se moviesen de sus puestos y les volvió a repartir aguardiente y cigarros; y estando en esta distribución, les repetía con insistencia que lo pidiesen por Comandante de Armas, especialmente al tiempo de comunicarles la orden de la pronta deposición del señor Pizarro presidente de la Audiencia, quien fue llevado a la Universidad donde estuvo encerrado ¿Por dónde entraría don Ramón a la Universidad que fue su prisión algunos meses?.

04:15 a. m.

Pocos instantes después vinieron los señores ministros a publicar al pueblo la noticia que el mando del gobierno quedaba reasumido por la Audiencia Gobernadora, en España desde mayo de 1808 estaban presentes las Juntas de gobierno frente a la invasión napoleónica y la ausencia del monarca, pero sobre todo la Junta de Sevilla que es la que de alguna manera produjo la crisis institucional en Charcas, los cuatro oidores no estaban de acuerdo, el fiscal no aparecía y los abogados chuquisaqueños tenían sus propias opiniones; la creación es una innovación propiamente chuquisaqueña, fue un híbrido entre el antiguo régimen y la fuerza de los insurgentes.

05:45 a. m.

Los cholos cumpliendo (foja 41) con la prevención de don Antonio Paredes, le pidieron, a los ministros por Comandante de Armas con bastante frialdad pues estaban bien ebrios por el aguardiente que habían ingerido durante toda la noche… (respuesta a la pregunta seis del cuestionario de la Causa criminal seguida de oficio por el alcalde ordinario de la villa de Oruro contra Francisco Ríos, alias el Quitacapas, por vago, malentretenido y otros crímenes (1809-1811).

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Francisco Ríos es un personaje que esa noche junto al militar Álvarez de Arenales y al cusqueño Paredes protagonizan los acontecimientos revolucionarios junto a los protagonistas oficiales y poderosos, el rescatarlos es un hecho de justicia histórica y también de lectura revisionista de las fuentes con las que se cuenta en nuestro medio, ya que de La Plata se llevaron con gran premura a Lima, y luego de Lima a España, todos los papeles hasta entonces tramitados, en original.

No hubo tiempo para sacar copias, de manera que en el teatro de los acontecimientos no quedó casi nada sobre los mismos; en Madrid se encuentran 122 piezas que suman más de 13,000 páginas y lo mismo en otras ciudades de Sudamérica. La historia del Quitacapas que era un facineroso no es la gesta de un antihéroe, sino más bien la narración de un súbdito del poder iberoamericano a principios del siglo XIX cuando la sociedad comenzaba a vivir transformaciones vitales.

Lejos de ser un personaje antipático por sus fechorías, nos es más bien empático, un “negrito” mulato que aprovecha a lo máximo de su suerte esa noche histórica y entra en la historia por la puerta abierta que le dieron las circunstancia para luego de los sucesivos indultos que experimentó saldrá de la historia como entró de forma anónima y fortuita… Personaje simpático que junto al alcalde provincial del Cuzco son la presencia del pueblo (marginados, presos, cholos, mujeres, indios y jóvenes, etc.) en la revolución que enfrenta a los realistas (monárquicos charquinos) con los letrados patriotas insurgentes (pequeña burguesía chuquisaqueña), que como siempre es útil y luego olvidada e ignorada por la Revolución.

Bibliografía básica

Álvarez de Arenales, J. A. “Informe del subdelegado de Yamparáez sobre los sucesos de La Plata de 25.V.1809”, La Plata, 30 de junio de 1809. Archivo Histórico de Madrid.

Just Lleo, Estanislao (1994). Comienzos de la independencia en el Alto Perú: los sucesos de Chuquisaca, 1809, Sucre: Editorial Judicial.

Mendoza, Javier (2009). Quitacapas. Los sucesos revolucionarios de 1809 en el Alto Perú a través de la participación de un antihéroe ignorado, La Paz: Plural.

Vázquez Machicado, Humberto (1988). Obras completas, La Paz: Don Bosco Vol. 4, p. 316.

[1] Fragmento de la exposición a la Sociedad de Estudios Históricos y Patrimoniales del Colegio de Arquitectos de Chuquisaca , en la noche fría del 20 de mayo del 2026, en la terraza del Café La ermita de San Francisco, Sucre.