“Recorred la historia desde el siglo V al XVI, y veréis que la teología domina y guía el espíritu humano”

(L. Paz).

 La palabra “teología” asusta todavía a un buen número de personas. Un “gros mot” que es mejor no pronunciar, diría un francés. Puesto que tan pronto como el signo de la teología aparece en el horizonte de una discusión o de una sesión, muchos creyentes prefieren desviarse o volver sobre sus pasos, imaginando ver “peligro”, “callejón sin salida” o “un estrechamiento del camino”. Es esta sin duda la razón de un pasado histórico en el que la teología se complacía en una “especulación extraterrestre” en la huida de los combates humanos por la justificación de una institución eclesiástica y clerical.

A propósito del vocablo “teología”, este es, en efecto, de un término de difícil uso que en occidente une la convicción bíblica con la presencia precedente y soberana de Dios (tradición judeo-cristiana) y el esfuerzo griego por decir en lenguaje del hombre lo que tendría sentido en la estructura del discurso “Dios es” y “yo puedo decirlo”. Aunque no se puede olvidar la presencia de “las semillas del verbo” (expresión de los padres de la Iglesia) ya en el antiguo Oriente (Mesopotamia, Egipto y África del norte), África negra, Asia y América morena. Entonces la teología supone de dos maneras, que se alíe la fe a la razón a lo largo de la historia de la palabra, la teología vive por la promesa que “Dios no muere” o “se da gratis en las expresiones humanas” puesto que son indisolubles Dios y hacer, y que esa unión es la esperanza de toda palabra (Dumas, 1968: 6), es decir, una teología práctica.

La teología (judía) afirmaba W. Benjamin “es hoy pequeña y fea y no debe dejarse ver en modo alguno” y los nuevos conquistadores de lo absoluto abandonan sobre la orilla este fósil que la vida ha dejado y que no cuenta más el mar. Pero la teología ¿merece tal desconfianza espontanea o un juicio definitivo? Existe la necesidad de una teología, pues ella ha pasado mucho tiempo por un país secreto. Propiedad privada en la que los no iniciados solían preferir quedarse a distancia. Hoy en día, los creyentes reclaman una formación teológica que esté a la altura de su formación humana y profesional. Por todas partes se multiplican los cursos para la exploración del país de la teología, especialmente en los centros de trabajos teológicos de las diversas confesiones religiosas. Los creyentes cada vez más numerosos piden que las puertas de la teología les sean abiertas. De esta vieja, pequeña y fea disciplina que anda escondiéndose.

En una suerte de introducción al mundo desconocido, una guía es muy útil. Es en esta óptica que este texto ha sido proyectado. Para un público no-iniciado pero deseoso de conocer la teología enseñada en la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca. La teología es una disciplina exuberante que se apasiona por Dios y por los hombres poniendo toda su inteligencia, y de todos su corazón, para reflexionar la experiencia teológica. Entrar en la teología es menos desorientador que encontrarse, de una manera más profunda con sus propias preguntas; es descubrir lucidamente lo que significa Dios o la divinidad cuando ella se nos acerca en nuestras vidas. El tiempo ha venido de escribir un documento para poner a disposición del gran público, particularmente de aquellos “creyentes” que encontraran en esta “historia teológica” una modesta guía turística al país de la teología de nuestra querida Universidad de San Francisco Xavier.

Algunas corrientes teológicas enseñadas en esta Superior Casa de Estudios: la escolástica tomista de Santo Tomás de Aquino (1225-1274) desarrollada por los juristas dominicos: Francisco de Vitoria (1483-1546) y Bartolomé de las Casas (1484-1566) y las teologías de los hijos de San Ignacio de Loyola (1491-1556): Luis de Molina (1535-1600), Juan de Mariana (1536-1624) y Francisco Suárez (1548-1617) denominada segunda escolástica. Y posteriormente fue la teología católica romana latina.

Estoy consciente de los vacíos y lagunas de este tema, ya que, en los 402 años de la Universidad, los años en que la teología fue impartida de forma continua en cursos académicos es más o menos de unos 240 años. Teniendo en cuenta esta realidad, se ha tratado de redactar un primer descubrimiento y una primera información, por la falta de fuentes documentales en nuestro medio. En esos doscientos y más años de teología xaveriana (método de lectura, comentarios y debate), el paisaje teológico se fue modificando sensiblemente por eso se han añadido algunos temas teológicos más o menos contemporáneos y regionales como las teologías de la Liberación, las teologías feministas y otras.

Este ensayo contiene las siguientes partes: Directivas del Concilio de Trento, El colegio Santa Isabel de Hungría, La espiritualidad ignaciana, Las primeras cátedras de theologia en la Universidad de San Francisco Xavier (teología escolástica con dos cátedras: dogmática y moral), El periodo jesuítico (1624-1767) y la llamada segunda escolástica, La teología católica romana o latina (tomismo) 1768-1809, Una Universidad Pontificia, La teología en el siglo XIX (Vaticano I) 1810-1890, cierre de las facultades de teología en la Universidad (neotomismo) y Las teologías contemporáneas que se oponen al liberalismo, al racionalismo y a la secularización imperante en las sociedades postmodernas. Para concluir con una propuesta de teología de las culturas…

 Luis Eduardo Caballero Barrón